martes, 27 de mayo de 2014

El juego y sus posibilidades socio-educativas-culturales

El juego, vocablo y concepto que pareciera bastante claro a flor de piel, y sin embargo al zambullirse en las profundidades de su significación bien podríamos encontrar un debate amplio y reposado al respecto. Parece ser que un elemento común en este infactible debate es la idea de un juego, en sentido genérico, lúdico; podría ser correcto afirmar que el "Tao" (sentido, generalidad, amplitud) del juego es lo lúdico, el hedoné griego, el placer, la diversión. 

Asimismo y en este sentido el juego es contemplado en tanto que un fin en sí mismo, bajo el objetivo de, simple y llanamente, jugar, sin más tapujos, sin más dilación; pero igualmente puede el juego ser contemplado en tanto que una herramienta de cara a otros fines, por ejemplo, fines educativos, esto sería, el fin de caminar hacia un abanico de aprendizajes evolutivos, y no involutivos (pese a ser, del mismo modo, estos últimos, aprendizajes en sí mismos). En definitiva, el juego puede ser usado a modo de salvoconducto hacia la educación; por lo tanto, puede ser usado como una metodología didácticas en la práxisi socio-educativa-cultural, podríamos decir.




Vemos también que, mediante el juego en cualidad de "herramienta para" (otros fines al margen del juego-fin), se estimula o es posible la estimulación de la creatividad y de la imaginación mediante la diversión, mediante ese hedoné. Asimismo podríamos asociar el juego a las artes en la acción sociocultural y socioeducativa, siendo que constituye un modo, una excusa, una ventana a la expresión de las personas que, siendo éstas participantes y convergiendo en la idea de la democracia cultural, es decir, apropiándose de la cultura mediante aquello que se ha convenido en llamar la contracultura, se expresan libremente mediante el susodicho juego.




Esta idea casa con una de las características del juego mencionadas en las clases de los lunes y martes (clases más teóricas): el juego es "libre". El juego no es una actividad obligatoria sino que se trata de una participación voluntaria en lo lúdico, en lo placentero, y de ahí se puede enganchar el juego a la mano de la libre expresión artística y la libre creación cultural que nace de esa llamada democracia cultural. Pero el juego también es separado en la medida en que queda circunscrito a unos límites espaciotemporales en la práctica, en la aplicación, y además es incierto en la medida en que no cuenta con un final previamente pactado o previsto; es el juego, en primera instancia, en principio, improductivo, ya que su finalidad no necesariamente ha de consistir en la producción, no tiene por qué ser producir; es reglamentado, puesto que se establecen unas reglas a priori para jugar, y es ficticio, sube por las nubes de la ficción.




Respecto a las tipologías encontramos gran cantidad de éstas, y refieren a dos esferas diferentes: por una parte, vemos multitud de tipos de juegos, como son los juegos de mesa (estrategia, cálculo, etc., concretamente el Parchís, la Oca, las Damas, el Ajedrez, etc.), juegos de patio, de calle o de exterior, en definitiva, (la comba, las palmas...), juegos virtuales (consolas, juegos para PC, etc.); pero atendiendo a la estructura interna del juego vemos otras tipologías, que son los juegos individuales (para un solo jugador), los juegos de oposición (un jugador contra otro), los de cooperación (aquellos juegos en que es necesario que los/as participantes avancen juntos/as) y los juegos de cooperación competición  (esto es, un grupo de jugadores contra otro).




No debemos olvidar que los juegos están cargados de valores, que no son neutrales, que mediante el juego se desarrollan asimismo aprendizajes involutivos, o podrían desarrollarse al menos; que mediante el juego se transmiten ideologías, modos de estar en el mundo y de compartir junto con otros seres humanos. Esto es altamente relevante desde el punto de vista de la educación, y concretamente de la axioliogía de la educación.




Uno de los espacios que nos podemos encontrar en la acción, en la práctica, sobre campo, respecto al juego son las ludotecas. Las ludotecas son un “lugar en el que el niño o la niña pueden obtener juguetes en régimen de préstamo y en dónde puede jugar por mediación directa del juguete, con la posibilidad de ayuda de un ludotecario” (Borja, M., 1980).

Las ludotecas son instituciones recreativo – culturales especialmente pensadas para los niños y adolescentes que tiene como primera misión el desarrollar la personalidad del niño principalmente a través del juego y del juguete. Para ello posibilitan, favorecen y estimulan el juego infantil ofreciendo a los niños tanto los elementos materiales necesarios – juguetes, material lúdico y espacios de juego – como las orientaciones, ayudas y compañías que requieren para el juego”. (López Gil, C., 1987).




Hay, como podemos observar, dos planteamientos desde las ludotecas en tanto que estructuras para reproducir lo lúdico, lo que tiene que ver o es el juego en sí, como fin o bajo otras finalidades (con probabilidad socio-educativa-cultural): uno de estos planteamientos son las ludotecas como bibliotecas, se prestan juegos a los niños; otro son las ludotecas como espacio educativo mediante el juego, es decir, con una finalidad educativa trascendiendo al juego per se

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